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El estrés en tu perro lo puedes estar causando tu mismo

Estás causando estrés a tu perro sin darte cuenta

Muchas veces creemos que estamos cuidando bien a nuestro perro, pero sin darnos cuenta repetimos acciones cotidianas que afectan su bienestar emocional. El estrés en los perros no siempre se manifiesta de forma evidente; por el contrario, suele construirse a partir de pequeños hábitos diarios que alteran su sensación de seguridad y equilibrio.


Invadir su espacio personal cuando descansa

Aunque los perros disfrutan del cariño, no siempre están dispuestos a recibirlo, especialmente cuando descansan. Invadir su espacio personal de forma repentina (por ejemplo, despertarlo con abrazos o caricias intensas) puede generarles tensión y miedo. Desde su perspectiva, un contacto brusco puede interpretarse como una amenaza, activando un estado de alerta innecesario.

Este estrés se intensifica si el perro se encuentra en su lugar seguro o profundamente dormido. Despertarlo de forma abrupta puede provocar una reacción defensiva que, en algunos casos, llegue a ser agresiva. Respetar sus momentos de descanso es una forma sencilla pero fundamental de demostrar amor y comprensión.


No contar con un espacio seguro

Los perros, al igual que las personas, necesitan un lugar donde sentirse protegidos. Ruidos fuertes, visitas inesperadas o estímulos intensos como los fuegos artificiales pueden abrumarlos. En estos momentos, contar con un espacio propio resulta esencial.

Este espacio no debe ser un lugar aislado o castigador, sino una zona tranquila donde tenga su cama, agua, juguetes y objetos familiares. Idealmente, debe estar alejado del ruido y del tránsito constante, permitiéndole refugiarse cuando lo necesite y recuperar la calma por sí mismo.


Paseos apresurados y sin estímulos

El paseo diario no es solo una salida para hacer sus necesidades. Para los perros, caminar es una oportunidad clave para explorar el entorno, liberar tensión, ejercitarse y fortalecer el vínculo con su tutor. Cuando los paseos son rápidos, mecánicos y sin permitirles olfatear, se pierde gran parte de su valor emocional.

Un paseo apresurado, en el que el perro es constantemente jalado o apurado, puede convertirse en una fuente de frustración. Permitirle explorar con calma ayuda a reducir el estrés y contribuye a un mejor equilibrio emocional.


Cambios constantes en la rutina

Los perros son animales de hábitos. Las rutinas les brindan seguridad y les permiten anticipar lo que ocurrirá a lo largo del día. Cambios frecuentes en los horarios de comida, paseos o incluso en las personas con las que interactúan pueden generarles ansiedad.

Situaciones como mudanzas o la llegada de un bebé al hogar implican cambios importantes que deben manejarse con sensibilidad. Mantener rutinas estables ayuda no solo a su estado de ánimo, sino también a su comportamiento, obediencia y salud general.


Mensajes contradictorios y cambios de conducta repentinos

La incoherencia en las normas es una de las principales fuentes de estrés canino. Si un día se castiga una conducta y al siguiente se celebra la misma acción, el perro recibe un mensaje confuso. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se le reprende por subirse al sofá y luego se le premia por hacerlo porque resulta “gracioso”.

Este tipo de contradicciones no solo dificulta el aprendizaje, sino que también puede generar ansiedad, desobediencia e incluso desconfianza. El perro deja de entender qué se espera de él y puede asociar los regaños con su presencia, no con una acción específica. La claridad y la constancia son claves para una convivencia sana.

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