En el corazón de la zona de exclusión de Chernobyl, Ucrania, una manada de supervivientes deambula entre edificios abandonados. Se trata de los perros de Chernobyl, descendientes de las mascotas que los residentes dejaron atrás, cuando se vieron obligados a evacuar la ciudad.
No solo han desafiado lo imposible al vivir en un entorno hostil, sino que han desarrollado cambios genéticos únicos, que están revolucionando nuestro entendimiento de la radiación y la adaptación animal.
La historia de Chernobyl
Chernobyl es una ciudad fantasma ubicada en el norte de Ucrania, cerca de la frontera con Bielorrusia. Es conocida mundialmente por el catastrófico accidente nuclear que ocurrió el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin.
Los Últimos Supervivientes de Chernobyl
Cuando el reactor nuclear explotó en 1986, los residentes de Prípiat y sus alrededores fueron evacuados en cuestión de horas, pero muchas mascotas quedaron atrás. Algunos perros lograron sobrevivir gracias a la compasión de los trabajadores que ayudaron en la limpieza, quienes ocasionalmente les daban comida.
Con el tiempo, estos animales se reprodujeron, dando lugar a una población genéticamente aislada que ha evolucionado bajo condiciones extremas. Hoy, se estima que cientos de perros habitan la zona, muchos de ellos alrededor de la central nuclear abandonada, donde los niveles de radiación siguen siendo altos.
Diferencias en su ADN
Un estudio publicado en 2023 en la revista Science Advances analizó el ADN de 302 perros de Chernobyl y los comparó con canes de otras regiones. Los hallazgos fueron asombrosos:
- Mutaciones en genes reparadores: Presentan variaciones en el gen PRDM9, relacionado con la reparación del ADN y la resistencia al cáncer.
- Adaptaciones metabólicas: Algunos muestran cambios en genes que regulan el sistema inmunológico, posiblemente para contrarrestar los efectos de la radiación
- Distribución inusual en su población: Se dividen en tres grupos genéticos distintos, dependiendo de qué tan cerca viven del reactor. De hecho, los perros que viven en la planta nuclear, tienen diferencias genéticas más marcadas que aquellos en las afueras de la zona de exclusión.
Entonces ¿Son perros mutantes?
Normalmente, la evolución toma miles de años, pero en Chernobyl, los perros han experimentado un proceso acelerado. Aquellos con mutaciones beneficiosas, como una mayor capacidad para neutralizar radicales libres, han logrado reproducirse, mientras que los menos adaptados no han sobrevivido.
Aunque la palabra «mutante» nos hace pensar en super poderes o criaturas escalofriantes, la realidad es más fascinante:
1. No son monstruos: La mayoría de estos perros lucen completamente normales, aunque algunos tienen pelajes más gruesos o tamaños ligeramente diferentes
2. No son inmunes a la radiación: Sufren problemas de salud, como tumores y cataratas, pero en una frecuencia menor de lo esperado
3. No son extraordinarios: Contrario a lo que muchos creen, no brillan en la oscuridad ni tienen habilidades sobrenaturales.
Implicaciones para la ciencia y la medicina
Los perros de Chernobyl podrían ser clave para entender cómo combatir el cáncer. Sus mecanismos de reparación genética podrían inspirar nuevos tratamientos. Además, los efectos a largo plazo de la radiación ayudan a predecir cómo afectaría un accidente nuclear futuro a humanos y animales.
Incluso “El Proyecto Dog DNA de Chernobyl”, realizado por científicos de la Universidad de Carolina del Sur y el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., están secuenciando el genoma de estos perros para identificar mutaciones protectoras y desarrollar posibles terapias genéticas.
¿Podrían estos perros ser adoptados?
Aunque algunos turistas y trabajadores se encariñan con ellos, no son mascotas convencionales. Existe un riesgo de salud inherente, ya que pueden portar parásitos o sustancias radiactivas en su pelaje.
Por otro lado, tal como cualquier otro animal acostumbrado a un entorno salvaje, les cuesta mucho adaptarse a hogares con humanos. Aun así, existen organizaciones que esterilizan, vacunan y reubican a algunos de estos perros; aunque la mayoría permanece en la zona.
Los perros de Chernobyl son mucho más que curiosidades científicas; son un símbolo de esperanza que demuestra cómo la vida se abre paso incluso en las condiciones más adversas. Su estudio no solo ayuda a la ciencia, sino que también honra la memoria de las víctimas del desastre de 1986.